
Sentir: Esas seis letras que parecen multiplicar por mil las sensaciones. Esos cosquilleos inevitables. Esas miradas que buscan perderse en la nada para ocultar lo evidente. Y esas sonrisas que, lejos de ser forzadas, no son más que la voz del alma que sin hablar lo dice todo.
Miedo: Esa barrera tan ligada al deseo que impide que las miradas tengan más intensidad de la que deberían. Esa necesidad por ocultar una sensación que desearías compartir con cualquier persona. Esas ganas de gritarle al mundo que te sientes distinta. Pero a veces, callar es más sencillo y, en ocasiones, más ético.
Pensar: Es lo que me frena a menudo de sentir lo que no debería. Es la parte que me aporta la integridad que necesito para no desear lo que no tengo. Para apartar ciertas hipótesis de mi mente.
Amar: Paradójicamente, todo se reduce a éso. Cuatro letras con un solo significado y mil sentimientos distintos. Pero amar no es fácil. Cuesta, duele y, frecuentemente, no entiende de razones. Pero llena. Y mucho.
Escapar: En ocasiones me gustaría irme lejos. Perderme en cualquier espacio a cientos de millas de aquí. Para disiparme entre la esencia, la inmensidad y frialdad de las calles. Para encontrarme a mí misma. No me importa el lugar. Me perdería en cualquier rincón del mundo.
Tal vez sólo entonces podría encontrar donde está el nexo entre el sentimiento y la razón. Y tal vez entendería que, sin sentir, difícilmente pensaría en el miedo que siento al amar a alguien. Sí. Porque a veces sólo cuando escapas te das cuenta del miedo que sientes. De que huyes, muchas veces, porque quieres sentir distinto. Porque temes que lo que haya en la vuelta de la esquina no te acabe de convencer. Y, por supuesto es más fácil pensar en huir que afrontar que los sentimientos van cambiando...
Miedo: Esa barrera tan ligada al deseo que impide que las miradas tengan más intensidad de la que deberían. Esa necesidad por ocultar una sensación que desearías compartir con cualquier persona. Esas ganas de gritarle al mundo que te sientes distinta. Pero a veces, callar es más sencillo y, en ocasiones, más ético.
Pensar: Es lo que me frena a menudo de sentir lo que no debería. Es la parte que me aporta la integridad que necesito para no desear lo que no tengo. Para apartar ciertas hipótesis de mi mente.
Amar: Paradójicamente, todo se reduce a éso. Cuatro letras con un solo significado y mil sentimientos distintos. Pero amar no es fácil. Cuesta, duele y, frecuentemente, no entiende de razones. Pero llena. Y mucho.
Escapar: En ocasiones me gustaría irme lejos. Perderme en cualquier espacio a cientos de millas de aquí. Para disiparme entre la esencia, la inmensidad y frialdad de las calles. Para encontrarme a mí misma. No me importa el lugar. Me perdería en cualquier rincón del mundo.
Tal vez sólo entonces podría encontrar donde está el nexo entre el sentimiento y la razón. Y tal vez entendería que, sin sentir, difícilmente pensaría en el miedo que siento al amar a alguien. Sí. Porque a veces sólo cuando escapas te das cuenta del miedo que sientes. De que huyes, muchas veces, porque quieres sentir distinto. Porque temes que lo que haya en la vuelta de la esquina no te acabe de convencer. Y, por supuesto es más fácil pensar en huir que afrontar que los sentimientos van cambiando...
Margaa! Muy bueno el texto, a qién no le gustaría escapar lejos de aquí?
ResponderEliminarBueno ahora nos vemos xdd
Hola marga! Que escribes muy bien, continua asi jaja. Nos vemos ahora.
ResponderEliminarrealmente, fascinante!
ResponderEliminarno dejes de escribir!